Quién fue Gladys Mae West, la mujer que le dio coordenadas al mundo

21.01.2026
Foto: The Vanguard
Foto: The Vanguard
Durante décadas, su nombre permaneció fuera de los libros de historia. Matemática, científica y pionera en el modelado de la Tierra, Gladys Mae West fue una de las mentes fundamentales detrás del desarrollo del GPS, una tecnología que hoy guía aviones, teléfonos, ambulancias y la vida cotidiana de millones de personas. Fallecida en enero de 2026 a los 95 años, su historia permite revisar cómo el progreso científico muchas veces avanza gracias a figuras invisibilizadas.

Cada vez que un teléfono indica cómo llegar a destino, cada vez que un avión aterriza con precisión milimétrica o una ambulancia encuentra el camino más rápido en una ciudad congestionada, hay una tecnología que trabaja en silencio. No emite sonidos, no muestra rostros, no reclama protagonismo. El Sistema de Posicionamiento Global, conocido como GPS, se volvió tan cotidiano que parece natural, casi inevitable. Sin embargo, detrás de esa naturalidad hay décadas de trabajo científico, ecuaciones complejas, cálculos infinitos y personas cuyas historias quedaron ocultas durante demasiado tiempo.

Entre esos nombres se encuentra Gladys Mae West, una matemática estadounidense cuyo trabajo fue decisivo para que el GPS pudiera existir tal como lo conocemos hoy. Durante gran parte de su vida, su aporte permaneció fuera del reconocimiento público, diluido entre informes técnicos, clasificaciones militares y una cultura científica que durante años invisibilizó a las mujeres y, en particular, a las mujeres negras.

Contar quién fue Gladys Mae West no es solo un ejercicio biográfico. Es también una forma de interrogar cómo se construye la historia del progreso, quiénes quedan dentro del relato y quiénes son relegados a los márgenes.

Gladys Mae Brown nació en 1930 en el estado de Virginia, en el sur de Estados Unidos. Creció en una región atravesada por la segregación racial legalizada, donde las leyes y las costumbres delimitaban con claridad qué lugares estaban permitidos y cuáles estaban vedados para la población afroamericana. Su familia se dedicaba al trabajo agrícola y, desde muy pequeña, Gladys comprendió que el futuro que parecía escrito para ella era el de largas jornadas en el campo, con escasas oportunidades de movilidad social.

La escuela se convirtió en un espacio de refugio y proyección. Allí descubrió que tenía una habilidad excepcional para las matemáticas, una disciplina que no solo le resultaba natural, sino que también le ofrecía una promesa concreta: la posibilidad de elegir otro camino. En un contexto donde muy pocas mujeres negras accedían a estudios superiores, se destacó lo suficiente como para obtener una beca académica, un logro que representó una ruptura silenciosa con el destino que parecía asignado.

Ingresó a la Virginia State University, una institución históricamente afroamericana, donde estudió Matemática. En las aulas no solo adquirió conocimientos técnicos, sino que también aprendió a sostenerse en espacios donde la exigencia era constante y el margen de error mínimo. Cada examen aprobado era una victoria frente a un sistema que no esperaba grandes cosas de una mujer como ella.

Se graduó y luego obtuvo una maestría en Matemática, un logro excepcional para una mujer negra en la década de 1950. Su formación académica no fue únicamente un triunfo personal, sino también una afirmación silenciosa de pertenencia en un mundo que solía negarla.

En 1956 comenzó a trabajar en la Naval Proving Ground, una base de investigación de la Marina de los Estados Unidos ubicada en Dahlgren, Virginia. El lugar concentraba proyectos estratégicos en plena Guerra Fría y estaba dominado por científicos, ingenieros y militares. Gladys fue una de las pocas mujeres del equipo y la única mujer negra.

Allí comenzó a trabajar con computadoras de gran tamaño, en una época en la que la informática aún se encontraba en sus primeras etapas. Su tarea principal consistía en realizar cálculos matemáticos complejos vinculados a la geodesia, la ciencia que estudia la forma, el tamaño y el campo gravitacional de la Tierra. Este aspecto resultó central para el desarrollo del GPS.

Para que un sistema de posicionamiento funcione con precisión, es imprescindible conocer con exactitud la forma del planeta. La Tierra no es una esfera perfecta, sino un cuerpo irregular, con variaciones mínimas que, trasladadas a escalas globales, pueden generar errores de kilómetros. Gladys West trabajó durante años refinando modelos matemáticos capaces de describir esa complejidad.

Participó en proyectos pioneros de análisis de datos satelitales, entre ellos los vinculados al satélite SEASAT, uno de los primeros en medir los océanos desde el espacio. Procesó enormes volúmenes de información y contribuyó a la creación de modelos cada vez más precisos del planeta. Su trabajo permitió mejorar la exactitud de los cálculos de posición, un requisito indispensable para que el GPS pudiera operar de forma confiable.

Foto: Scientificwomen
Foto: Scientificwomen

A diferencia de otros aportes más visibles, el suyo fue profundamente técnico y silencioso. No diseñó el dispositivo final ni apareció en conferencias de prensa, pero sin sus ecuaciones y modelos, el sistema no habría alcanzado el nivel de precisión que hoy se da por sentado.

Durante décadas, su trabajo permaneció prácticamente invisible. Parte de su labor estaba protegida por el secreto militar, pero también influyeron factores estructurales más profundos. Las mujeres, y especialmente las mujeres negras, rara vez eran reconocidas como protagonistas de los grandes avances científicos del siglo XX.

Gladys West se jubiló en 1998 sin imaginar que su nombre sería reivindicado años más tarde. Recién en el siglo XXI, con la desclasificación de documentos y una revisión crítica de la historia de la ciencia y la tecnología, su aporte comenzó a ser reconocido. En 2018 fue incorporada al Salón de la Fama de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, un reconocimiento tardío pero significativo.

Gladys Mae West falleció el 17 de enero de 2026, a los 95 años, en su hogar y rodeada de su familia. Su muerte reavivó el interés por su figura y por el rol que desempeñó en una de las tecnologías más influyentes del mundo contemporáneo.

El impacto del GPS en la vida cotidiana es difícil de dimensionar. Transporte, agricultura, rescates, telecomunicaciones, comercio, ciencia y hasta los vínculos personales dependen hoy de esta tecnología. Cada uso cotidiano lleva, aunque no lo sepamos, una parte del trabajo de Gladys West.

Su legado trasciende la matemática y la ingeniería. Su historia funciona como espejo de muchas otras trayectorias silenciadas y plantea preguntas incómodas. Cuántos avances llevan nombres que no conocemos. Cuántas mujeres fueron borradas del relato oficial del progreso.

Contar quién fue Gladys Mae West es también una forma de reescribir la memoria colectiva. Así como el GPS permite ubicarnos en el espacio, rescatar estas historias permite ubicarnos en el tiempo y comprender que el desarrollo científico no es neutro ni automático.

Gladys West ayudó a que el mundo sepa dónde está. Ahora, su historia permite entender mejor cómo llegó hasta allí.

Por: Kevin Martinez
Por: Kevin Martinez

Auspicia
Auspicia


Comunicate con nuestro equipo.
@elporquedelascosasuy@gmail.com

Creado con Webnode
¡Crea tu página web gratis!