Astor Piazzolla: la fuga del tango hacia la eternidad

12.11.2025
Con Libertango, Astor Piazzolla rompió las barreras del tango tradicional y construyó un puente entre Buenos Aires y el mundo. Su obra, nacida del exilio y la rebeldía, se convirtió en símbolo de independencia artística y en una de las piezas más influyentes del siglo XX

Astor Piazzolla rompió las barreras del tango tradicional y construyó, con Libertango, un puente entre Buenos Aires y el mundo. Su obra nació del exilio y la rebeldía, y terminó convirtiéndose en símbolo de independencia artística, en una de las piezas más influyentes del siglo XX.

En 1974, mientras vivía en Italia, Piazzolla decidió responder con música a las críticas que lo habían perseguido durante años. En su país muchos lo acusaban de haber "traicionado" al tango, de haberlo contaminado con influencias del jazz y de la música clásica. Él, obstinado y brillante, prefirió no polemizar con palabras, sino con una composición que lo resumiera todo: Libertango. Una palabra inventada —libertad más tango— que condensaba su manera de entender la vida. Grabado en Milán con músicos europeos, el tema marcó una ruptura definitiva. Desde los primeros compases, el ritmo es implacable: el bandoneón respira como un animal salvaje mientras la base eléctrica y la percusión le dan una tensión moderna, cinematográfica. No hay nostalgia ni melancolía; hay impulso, fuerza y decisión. Piazzolla estaba liberando al tango de su propio pasado. "Libertango fue mi grito de independencia", diría más tarde. Y lo fue, en todos los sentidos: artístico, personal y vital.

La historia de Libertango está unida a la de su creador. Piazzolla había nacido en Mar del Plata en 1921, pero creció en Nueva York, donde escuchó tanto a Gardel como a Bach, a Duke Ellington y a Gershwin. Su formación fue ecléctica: estudió con Alberto Ginastera y luego en París con Nadia Boulanger, la legendaria maestra que cambió su destino. Cuando le mostró sus obras sinfónicas, Boulanger le preguntó qué más hacía. Él, algo tímido, le habló del tango. Al escucharlo tocar el bandoneón, ella le dijo: "Astor, tu verdadero yo está en el tango. No lo abandones". Aquella frase lo marcó para siempre.

A partir de entonces, Piazzolla se dedicó a reinventar el género. Su tango ya no era el de las milongas ni el de los arrabales. Era un tango de cámara, sofisticado, con disonancias y contrapuntos que desafiaban las estructuras tradicionales. Él mismo lo llamaba "música contemporánea de Buenos Aires". Libertango fue la culminación de ese camino: una síntesis entre lo popular y lo culto, entre el bandoneón y el bajo eléctrico, entre la raíz y la fuga.

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El tema tuvo una suerte que otras obras suyas no habían alcanzado: se convirtió en un éxito mundial. Editado en Europa por Carosello Records, comenzó a sonar en películas, programas de televisión y conciertos. Su ritmo contagioso y su espíritu rebelde conectaron con una generación que buscaba nuevas formas de expresión. Con el tiempo, Libertango fue versionado por decenas de artistas: Grace Jones lo transformó en un hit pop con I've Seen That Face Before; Yo-Yo Ma lo interpretó con elegancia clásica; Richard Galliano lo llevó al jazz; orquestas sinfónicas y grupos de rock también lo adoptaron. Cada versión añadió un matiz distinto, pero todas conservaron ese pulso inconfundible, ese latido entre lo porteño y lo universal.

Más allá de su éxito, Libertango encierra un mensaje íntimo. En un momento de tensiones con su país y con su identidad artística, Piazzolla compuso una obra que era casi un autorretrato. Era su afirmación de independencia: el derecho a ser él mismo. "No quiero ser el mejor bandoneonista del mundo; quiero ser el mejor Piazzolla posible", decía. Mientras en Buenos Aires se discutía si lo suyo era "tango o no tango", él estaba creando un lenguaje nuevo. Libertango fue su respuesta: un tango sin fronteras, un anticipo de lo que décadas más tarde se llamaría world music.

Su estructura circular, casi hipnótica, explica buena parte de su vigencia. La pieza repite un motivo que parece avanzar y regresar al mismo punto, como si representara el ciclo eterno entre tradición y libertad. Medio siglo después, Libertango sigue siendo una de las composiciones argentinas más interpretadas del mundo. Se escucha en películas, comerciales, conciertos de música clásica, festivales de tango y hasta en versiones electrónicas. Es, en cierto modo, un himno a la libertad creativa.

Fuente: Libertango · Astor Piazzolla|The Golden Collection| ℗ 1974 Carosello Records

Piazzolla murió en 1992, pero su legado continúa creciendo. En 2021, al cumplirse el centenario de su nacimiento, el planeta volvió a celebrarlo. Desde París hasta Tokio, orquestas y solistas interpretaron Libertango como símbolo de esa fuerza que trasciende los géneros y las fronteras. En la historia de la música argentina, pocas obras lograron tanto: no solo fue una composición, sino una actitud. Piazzolla demostró que la tradición no se preserva repitiendo, sino reinventando.

Escuchar Libertango hoy es sentir el vértigo de un artista que se atrevió a desobedecer. Cada nota conserva la energía de una revolución. Su ritmo sigue siendo moderno, su estructura, desafiante. En tiempos donde la uniformidad amenaza a la creación, la voz de Piazzolla suena más viva que nunca. Tal vez por eso su obra no envejece: porque está hecha de libertad. Y la libertad, como la música verdadera, no muere: solo se transforma.

Por: Kevin Martinez
Por: Kevin Martinez


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