Hoy es Viernes Santo: ¿y qué comemos?

04.04.2026
La costumbre de evitar la carne se repite cada año en muchas mesas. Detrás del gesto hay una historia que mezcla fe, cultura y tradiciones familiares que se transmiten de generación en generación.

Cada año, cuando llega el Viernes Santo, muchas mesas cambian de menú casi sin que nadie lo discuta demasiado. El asado queda en pausa, la carne desaparece por un día y aparecen platos con pescado, verduras o recetas más simples. Para algunos es una tradición familiar; para otros, una costumbre que se sigue "porque siempre se hizo así". Sin embargo, detrás de ese gesto cotidiano hay una historia larga, cargada de simbolismo, fe y también de cultura popular.

El Viernes Santo ocupa un lugar central dentro de la Semana Santa. En el calendario cristiano recuerda la crucifixión y muerte de Jesús, un momento asociado al recogimiento, al duelo y a la reflexión. Desde los primeros siglos del cristianismo, los fieles buscaban formas concretas de expresar ese clima espiritual. El ayuno y la abstinencia aparecieron entonces como prácticas que ayudaban a marcar la diferencia entre un día común y uno cargado de significado religioso. No se trataba solamente de "no comer algo", sino de adoptar una actitud más sobria, más austera, que acompañara la conmemoración.

La elección de evitar la carne no fue casual. Durante mucho tiempo, la carne estuvo asociada a la abundancia, a la celebración y al bienestar. Renunciar a ella implicaba un pequeño sacrificio cotidiano, una forma de recordar el sufrimiento que, según la tradición cristiana, vivió Jesús. La idea de sacrificio no tenía que ver con el castigo, sino con un gesto voluntario que invitaba a la reflexión. En ese sentido, el plato sencillo del Viernes Santo funcionaba casi como un recordatorio silencioso del sentido del día.

Con el paso de los siglos, esta práctica se fue consolidando y extendiendo por distintos países. Cada región la adaptó a sus propios ingredientes y costumbres. En zonas costeras, el pescado se convirtió en el reemplazo más común; en otros lugares, las legumbres o las preparaciones con verduras ocuparon ese espacio. Así, la tradición religiosa terminó mezclándose con la cultura gastronómica local, generando platos típicos que hoy forman parte del patrimonio culinario de la Semana Santa.

También hay una explicación simbólica que suele mencionarse. En la tradición cristiana, algunos interpretan que la carne roja representa la sangre y, por lo tanto, evitarla en el día que recuerda la muerte de Jesús adquiere un significado especial. Aunque no todos los creyentes conocen ese detalle, la costumbre se mantuvo porque fue transmitida de generación en generación, muchas veces más por hábito que por una comprensión teológica profunda.

Con el tiempo, la Iglesia fue flexibilizando algunas de estas prácticas. Hoy la abstinencia de carne en Viernes Santo sigue siendo recomendada para los fieles, pero no siempre se vive con el mismo rigor que en otras épocas. Para muchas personas, más que una obligación, es una oportunidad para mantener una tradición familiar o cultural. Incluso quienes no se consideran religiosos suelen adoptar el gesto, como parte de un calendario que también tiene un componente social y gastronómico.

En Uruguay y en gran parte de América Latina, el Viernes Santo conserva esa mezcla de fe y costumbre. En algunas casas se preparan buñuelos de pescado, tartas de verduras o platos sencillos que evocan la idea de austeridad. En otras, simplemente se evita la carne sin mayores rituales. Lo interesante es que, aun cuando el significado original puede diluirse, la práctica sigue funcionando como un punto de encuentro entre generaciones. Abuelos, padres e hijos repiten un hábito que los conecta con una historia compartida.

Más allá de la creencia personal, el gesto de cambiar el menú también invita a detener el ritmo. Cocinar algo distinto, sentarse a la mesa con otra lógica, recordar por qué se hace, son formas de mantener vivas ciertas raíces culturales. No se trata solamente de religión, sino también de identidad, de memoria y de costumbres que sobreviven al paso del tiempo.

Quizás por eso, cada Viernes Santo vuelve la misma escena: alguien pregunta qué se va a comer, alguien responde que "hoy no se come carne" y la conversación sigue. Puede parecer un detalle mínimo, pero en ese intercambio se condensan siglos de historia, símbolos religiosos y hábitos familiares. La tradición se mantiene no solo por lo que significa, sino porque forma parte de la vida cotidiana de muchas personas.

Al final, no comer carne ese día es mucho más que una regla alimentaria. Es una práctica que combina espiritualidad, cultura y memoria colectiva. Para algunos es un acto de fe; para otros, una costumbre heredada; para muchos, simplemente una forma de respetar una tradición que sigue teniendo sentido. Y aunque cambien las recetas o las interpretaciones, cada Viernes Santo vuelve a recordarnos cómo pequeños gestos cotidianos pueden conectar el presente con las raíces más profundas de la historia.as mesas. Detrás del gesto hay una historia que

Por: Equipo de El porqué de las cosas
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