Juventud, plataformas digitales y nuevas formas de vulnerabilidad en la economía contemporánea

Las apuestas online, la venta de contenido erótico y el llamado sugar dating se expanden entre adolescentes y jóvenes como parte de un mismo ecosistema digital que promete autonomía económica y éxito inmediato. En un contexto de desigualdad persistente, fragilidad laboral y ausencia de políticas integrales de juventud, estas prácticas revelan nuevas formas de exposición y riesgo. Desde una mirada estructural, la CEPAL advierte que, cuando el desarrollo no logra integrar a las nuevas generaciones, los costos recaen sobre las trayectorias individuales.
El avance sostenido de las tecnologías digitales ha transformado de manera profunda las formas de vinculación social, de acceso al entretenimiento y de relación con el dinero. Para adolescentes y jóvenes, el teléfono móvil se ha convertido en una extensión permanente de la vida cotidiana. Allí conviven la comunicación, el ocio, la construcción de identidad y, cada vez con mayor frecuencia, prácticas económicas que antes estaban reservadas al mundo adulto.
En ese entorno, las apuestas online se han instalado como una actividad naturalizada. Integradas a transmisiones deportivas, videojuegos y redes sociales, estas plataformas presentan el juego de azar como una experiencia cotidiana, inmediata y personalizada. El diseño digital favorece la permanencia, reduce la percepción del riesgo y diluye la noción de límite. Apostar deja de ser un evento excepcional y se transforma en una acción más dentro de la rutina diaria.
A diferencia de otras formas de juego tradicionales, el entorno digital elimina mediaciones visibles. No hay un espacio físico, no hay horarios definidos, no hay interacción directa con terceros que funcione como freno. La experiencia ocurre en soledad, muchas veces en ámbitos privados, lejos de la mirada familiar o institucional. Esta invisibilidad dificulta la detección temprana de conductas problemáticas y retrasa cualquier intervención.
Especialistas en salud mental y educación advierten que el uso problemático de plataformas de apuestas puede afectar el descanso, la concentración y los vínculos personales. En etapas tempranas de la vida, cuando los procesos de maduración emocional aún están en desarrollo, estos impactos adquieren una dimensión particular. El problema no se limita al dinero: involucra expectativas, frustraciones y la forma en que se construye la relación con el esfuerzo y la recompensa.
El pasaje de la adolescencia a la juventud no implica un abandono del entorno digital. Por el contrario, las prácticas se diversifican. A medida que crecen las responsabilidades y se amplía la necesidad de ingresos, muchos jóvenes comienzan a explorar nuevas formas de monetización en plataformas online. En un mercado laboral caracterizado por la inestabilidad, la informalidad y la dificultad de acceso al empleo de calidad, estas alternativas aparecen como soluciones posibles.
En ese contexto, se ha expandido el uso de aplicaciones y sitios de suscripción para la venta de contenido erótico por parte de jóvenes mayores de edad. Estas plataformas se presentan como espacios de autonomía individual, donde cada persona administra su tiempo, su imagen y sus ingresos. El discurso dominante enfatiza la libertad de elección, la flexibilidad y la ausencia de intermediarios tradicionales.
Sin embargo, detrás de esta narrativa conviven dinámicas más complejas. La lógica algorítmica impulsa la producción constante de contenido, la competencia permanente y la dependencia de métricas de visibilidad. La presión por sostener ingresos puede llevar a una escalada de exposición que no siempre es plenamente consciente en las etapas iniciales. A esto se suman riesgos vinculados a la circulación no controlada del material, la pérdida de privacidad y el impacto emocional de la hiperexposición.
Lejos de constituir un fenómeno aislado, esta práctica se inscribe en un entramado más amplio de economías digitales que trasladan el riesgo desde las plataformas hacia los individuos. La falta de regulaciones claras y de dispositivos de acompañamiento deja a muchos jóvenes librados a su propia capacidad de gestión, en un terreno que combina mercado, intimidad y visibilidad pública.
En paralelo, ha ganado visibilidad otra modalidad de vínculo atravesada por el intercambio económico: el sugar dating. Bajo la forma de acuerdos entre personas adultas, estas relaciones se presentan como consensuadas y beneficiosas para ambas partes. Sin embargo, diversos análisis sociales advierten que, en muchos casos, funcionan como rutas hacia formas de prostitución encubierta, especialmente cuando las diferencias de edad, poder económico y experiencia son marcadas.
Estas prácticas se desarrollan, en gran medida, a través de plataformas digitales que apelan a una estética de lujo, éxito y ascenso social. El intercambio económico aparece disociado de cualquier noción de vulnerabilidad. No obstante, testimonios y estudios cualitativos señalan que las relaciones suelen estar atravesadas por asimetrías profundas, donde la capacidad real de negociación es limitada.
El denominador común entre apuestas online, venta de contenido erótico y sugar dating no es la tecnología en sí, sino el contexto en el que estas prácticas emergen y se consolidan. Todas responden a una misma lógica de monetización acelerada del tiempo, la atención y el cuerpo, en un escenario donde las oportunidades tradicionales de integración social resultan insuficientes.
Desde una perspectiva estructural, la CEPAL ha señalado de forma reiterada que la juventud en América Latina enfrenta trayectorias marcadas por la desigualdad, la fragmentación y la incertidumbre. La transición hacia la vida adulta se vuelve cada vez más prolongada y compleja, con dificultades para acceder a empleo estable, vivienda y protección social. En ese marco, las soluciones individuales ganan centralidad.
El problema no radica en las decisiones personales de los jóvenes, sino en la ausencia de políticas públicas capaces de acompañar los cambios tecnológicos y sociales en curso. La falta de educación digital crítica, de regulación adecuada de las plataformas y de estrategias integrales de juventud deja amplios espacios librados a la lógica del mercado.
Especialistas en desarrollo social advierten que, cuando las instituciones tradicionales no logran ofrecer horizontes claros, las prácticas de riesgo tienden a naturalizarse. El éxito inmediato, la promesa de ingresos rápidos y la visibilidad constante operan como sustitutos de proyectos a largo plazo que hoy resultan difíciles de imaginar.
La CEPAL sostiene que invertir en juventud no es solo una cuestión de equidad, sino una condición central para el desarrollo sostenible de las sociedades. Reconocer los cambios en curso, anticipar sus efectos y construir respuestas colectivas es una tarea urgente. De lo contrario, los costos sociales, emocionales y simbólicos seguirán recayendo sobre quienes transitan las etapas más frágiles de la vida.
La expansión de las plataformas digitales plantea desafíos inéditos. Regular sin prohibir, acompañar sin estigmatizar y comprender sin simplificar son claves para abordar un fenómeno complejo y en constante transformación. La apuesta, en definitiva, no es tecnológica. Es política, social y cultural.
Lo que hoy se juega en silencio, en pantallas individuales, tendrá efectos duraderos en el tejido social. La forma en que se responda a estos desafíos definirá no solo las trayectorias juveniles, sino el tipo de sociedad que se está construyendo.

