Llegar también es salud mental

Detrás de cada corredor hay una historia que no se mide en kilómetros. Duelo, ansiedad, depresión, reconstrucción personal y sentido de pertenencia conviven en una misma línea de llegada. La ciencia confirma lo que la imagen sugiere: el movimiento, el objetivo y el cuerpo en acción pueden ser una herramienta real, aunque no milagrosa, para sostener la salud mental.
La imagen muestra una multitud corriendo bajo la lluvia. No hay un protagonista claro ni un gesto heroico aislado. Son muchos cuerpos avanzando al mismo tiempo, algunos con los brazos en alto, otros con el rostro concentrado, otros simplemente intentando mantener el paso. Es una escena habitual del deporte urbano, repetida en distintas ciudades del mundo. Sin embargo, esta imagen se diferencia de las demás por un detalle clave: sobre cada corredor aparece una frase breve que revela algo de su historia personal.
"Perdió a su papá". "Lucha contra su mente". "Es su primer maratón". "Vive solo". "Creyó que no lo lograría". Las frases no explican todo, pero dicen lo suficiente. Funcionan como ventanas abiertas a experiencias íntimas que rara vez se muestran en espacios públicos. La imagen deja en claro que esa carrera no es solo una competencia deportiva. Es, también, una suma de procesos personales que se ponen en movimiento.
La escena obliga a mirar distinto. En lugar de preguntar quién gana, invita a preguntarse por qué cada persona está ahí. Qué la empujó a entrenar durante meses, a levantarse temprano, a exponerse al cansancio y al dolor físico. Y en esa pregunta aparece, con fuerza, la dimensión de la salud mental.
Durante mucho tiempo, el malestar psicológico fue tratado como un problema individual, casi doméstico. Algo que debía resolverse en silencio, sin interferir con la vida productiva. En los últimos años, esa mirada empezó a resquebrajarse. La ansiedad, la depresión, el estrés crónico y el agotamiento emocional dejaron de ser excepciones para convertirse en experiencias extendidas, transversales a edades, clases sociales y contextos.
La ciencia comenzó a observar con mayor atención cómo distintos hábitos influyen en ese malestar. Entre ellos, la actividad física ocupa un lugar destacado. Estudios realizados en distintas partes del mundo coinciden en que el ejercicio regular se asocia con una mejora en el estado de ánimo y una reducción de síntomas vinculados a la ansiedad y la depresión. No se trata de una solución inmediata ni universal, pero sí de un factor que puede contribuir al equilibrio emocional.
Uno de los estudios más citados en este campo analizó datos de más de un millón de personas y concluyó que quienes realizaban algún tipo de actividad física reportaban menos días de malestar mental a lo largo del mes. El dato es relevante no solo por su magnitud, sino porque rompe con una idea extendida: no es necesario ser atleta ni competir para obtener beneficios. Caminar, correr, moverse de manera sostenida puede tener un impacto real.
La imagen del maratón dialoga con esa evidencia desde un lugar simbólico. No muestra cuerpos perfectos ni éxitos espectaculares. Muestra personas comunes, atravesadas por historias comunes. Personas que cargan duelos, rupturas, miedos, procesos de recuperación. El cuerpo aparece como un territorio donde esas experiencias se expresan sin palabras.
En contextos de sufrimiento emocional, el cuerpo suele ser uno de los primeros lugares donde se manifiesta el malestar. Insomnio, cansancio extremo, tensión, dolores persistentes. Al mismo tiempo, el cuerpo puede convertirse en un punto de apoyo. Respirar, moverse, sostener un ritmo. Para muchas personas, correr no es escapar de los problemas, sino enfrentarlos de una manera posible.
Especialistas en salud mental señalan que uno de los efectos más desorganizantes del malestar psicológico es la pérdida de estructura. Los días se vuelven difusos, las rutinas se rompen, el tiempo pierde sentido. En ese contexto, entrenar implica construir una pequeña arquitectura cotidiana. No como obligación, sino como marco. Salir a correr un día más puede ser, para alguien, una forma de no quedarse atrapado en el encierro mental.
La imagen también habla de procesos de recuperación. "Salió de una lesión". Esa frase puede leerse en clave física, pero también emocional. Volver a confiar en el propio cuerpo, animarse otra vez, aceptar los límites. En salud mental, los procesos no son lineales. Hay avances, retrocesos, pausas. El movimiento enseña algo valioso: no siempre se progresa rápido, pero se puede seguir.
El duelo ocupa un lugar central en la imagen. "Perdió a su papá". La pérdida de un ser querido es una de las experiencias más desestabilizantes para la salud mental. La ciencia muestra que, en algunos casos, el duelo puede derivar en cuadros depresivos prolongados. En otros, el movimiento físico moderado aparece como un recurso que ayuda a transitar el dolor, no a eliminarlo. Correr no reemplaza el acompañamiento psicológico, pero puede ofrecer un espacio de elaboración silenciosa.
Otro aspecto que atraviesa la imagen es la soledad. "Vive solo". "Vive lejos de su familia". Aunque correr pueda parecer una actividad individual, los eventos deportivos construyen comunidad. Compartir una largada, cruzarse miradas, recibir aplausos en la llegada genera un sentimiento de pertenencia que no es menor. La evidencia científica señala que el aislamiento social es uno de los principales factores de riesgo para la salud mental, incluso comparable al impacto del tabaquismo o la obesidad.
La llegada a la meta concentra muchos de estos sentidos. No es solo un punto geográfico. Es un momento simbólico. Llegar implica no abandonar. Implica haber sostenido el esfuerzo cuando el cuerpo pidió parar y la mente dudó. Para quien creyó que no lo lograría, ese gesto tiene un valor que excede lo deportivo.
Sin embargo, la imagen también evita idealizar. No presenta al ejercicio como una respuesta absoluta ni romantiza el sufrimiento. La lluvia, el cansancio y los gestos tensos recuerdan que no todo es épica. Los especialistas advierten que cuando el ejercicio se transforma en exigencia extrema o en única fuente de validación personal, puede convertirse en un nuevo problema. La salud mental requiere equilibrio, acompañamiento y políticas públicas que no deleguen toda la responsabilidad en el individuo.
El título de la nota se completa en ese recorrido. Llegar también es salud mental. No porque cruzar una meta resuelva conflictos internos, sino porque llegar implica haber seguido. Haber encontrado una forma de avanzar, aunque sea con dudas, aunque sea despacio.
En una sociedad que valora la velocidad, el rendimiento y la comparación constante, detenerse a mirar estas historias invisibles es un gesto necesario. La imagen del maratón recuerda algo esencial: nadie corre con la misma carga. Cada persona lleva su propia historia, su propio peso, su propio motivo.
Reconocer eso no es un acto de sensibilidad ingenua. Es una forma de entender la salud mental como una experiencia colectiva, atravesada por contextos sociales, vínculos, pérdidas y búsquedas de sentido. A veces, seguir adelante no es heroico. Es simplemente humano. Y eso, en sí mismo, ya es una forma de cuidado.

