Sin embargo, distintos economistas y analistas también sostienen que la crisis actual no puede explicarse únicamente desde el embargo. La baja productividad, la dependencia de importaciones, la falta de reformas estructurales y las dificultades del sistema económico cubano aparecen como elementos centrales para entender el deterioro que atraviesa la isla desde hace años.
La situación se agravó después de la pandemia. La caída del turismo afectó una de las principales fuentes de ingreso del país y profundizó la falta de divisas. A eso se sumaron problemas energéticos, cortes de electricidad frecuentes y dificultades para acceder a medicamentos y alimentos básicos. El impacto cotidiano de la crisis se volvió cada vez más visible en las calles cubanas.
Mientras tanto, desde Estados Unidos, la administración Trump retomó una postura más agresiva hacia La Habana. El discurso volvió a centrarse en la necesidad de aumentar la presión política y económica sobre el gobierno de Miguel Díaz-Canel. Washington sostiene además que Cuba mantiene vínculos estratégicos con Rusia y China en áreas sensibles vinculadas a inteligencia y seguridad regional, un tema que adquiere relevancia en el actual contexto geopolítico.
Uno de los episodios que más repercusión generó fue la visita del director de la CIA a La Habana. La imagen tuvo un fuerte impacto simbólico por la historia de confrontación entre ambos países. Para algunos sectores, el encuentro mostró la existencia de canales de negociación abiertos. Para otros, reflejó el nivel de presión política que atraviesa actualmente la relación bilateral.
En paralelo, dentro de Cuba también crece el malestar social. La emigración aumentó de forma significativa en los últimos años, especialmente entre jóvenes que buscan mejores condiciones de vida fuera de la isla. Ese fenómeno no responde únicamente a cuestiones económicas, sino también a una sensación de falta de perspectivas a largo plazo.
El gobierno cubano mantiene un fuerte control político y continúa defendiendo el modelo instaurado tras la revolución de 1959. Al mismo tiempo, enfrenta el desafío de responder a una crisis económica cada vez más compleja en un contexto internacional adverso. Las autoridades cubanas insisten en que las sanciones estadounidenses profundizan el deterioro social y limitan cualquier posibilidad de recuperación económica.