Alicia Genovese: escribir también es perderse

23.08.2026
En "Poesía y errancia", Alicia Genovese combina ensayos y anotaciones de su diario de escritura para hablar del poema antes de que exista. El libro, publicado por Entropía, reivindica la duda, el trabajo constante y la posibilidad de encontrar algo valioso en los desvíos.

Hay una escena bastante común para cualquiera que haya intentado escribir: sentarse frente a la hoja o a la pantalla con una idea que parecía clara y descubrir, unos minutos después, que las palabras van por otro lado. A veces eso se vive como un problema. 

Para Alicia Genovese, puede ser el comienzo de algo. En "Poesía y errancia", la escritora, poeta y docente argentina piensa la creación poética desde ese lugar incierto. No se concentra solamente en los poemas terminados, sino en todo lo que ocurre antes: las dudas, las pruebas, las lecturas, los apuntes y esa búsqueda que muchas veces obliga a abandonar el camino previsto. 

El libro fue publicado por la editorial Entropía en 2025 y tiene 108 páginas. Está compuesto por ensayos y fragmentos de un diario de escritura. No son dos partes desconectadas. En ambas aparece la misma preocupación: cómo se escribe, qué se busca cuando se escribe y de qué manera una experiencia puede transformarse en lenguaje. 

La palabra "errancia" resume buena parte de esa propuesta. Genovese no la utiliza para hablar de una pérdida definitiva ni de un andar sin sentido. Errar es, en este caso, moverse sin tener todas las respuestas. Dejar un margen para que aparezca algo que no estaba previsto. Eso también implica alejarse de las fórmulas conocidas.

 Cuando una escritura se limita a repetir lo que ya sabe, pierde capacidad de sorpresa. La poesía necesita conservar cierta incomodidad, una zona donde todavía sea posible equivocarse, cambiar de dirección o no saber exactamente hacia dónde se va. En ese recorrido, la autora le da importancia a acciones simples: habitar, improvisar, ejercitar y respirar. 

No son conceptos abstractos. Son maneras concretas de acercarse a la escritura. Habitar significa permanecer un poco más frente a una escena, una imagen o una sensación. Mirarla hasta que aparezca un detalle que al principio no se veía. Improvisar supone aceptar que una frase puede llevar a otra parte. Ejercitar recuerda que escribir también es una práctica, con días buenos y días en los que no aparece nada. Respirar tiene que ver con el ritmo y con las pausas, pero también con devolverle a la poesía su dimensión corporal.

Genovese también se detiene en la obra de otros autores. Entre ellos aparecen Olga Orozco, Héctor Viel Temperley y Ricardo Zelarayán. Sus recorridos le sirven para pensar las distintas formas en que un poeta puede relacionarse con el lenguaje. No hay, según esta mirada, una única forma válida de escribir. Cada autor construye su propio modo de leer el mundo y de organizar lo que percibe. Las influencias existen, pero no funcionan como instrucciones. 

Más bien abren posibilidades y permiten entender que una voz propia se forma a partir de muchas voces, lecturas y experiencias. El diario de escritura ocupa un lugar importante en el libro porque permite observar ese proceso desde adentro. Allí la escritura aparece como una forma de revisar lo vivido. Una anotación puede parecer insignificante en un primer momento y adquirir otro sentido semanas o meses después. Una imagen puede relacionarse con otra. 

Una frase suelta puede terminar encontrando un lugar en un poema. Escribir permite releer la propia experiencia. Muchas veces, recién al poner algo en palabras se entiende qué importancia tenía o qué relación guardaba con otras experiencias. 

En "Poesía y errancia", el poema puede aparecer en medio de una situación cotidiana, sin aviso. Puede nacer de una escena, de un recuerdo, de una palabra escuchada al pasar o de una interrupción. No necesariamente surge cuando el escritor se sienta con una idea clara y un tiempo reservado para escribir. Al contrario: a veces aparece cuando algo rompe la rutina. Una imagen obliga a detenerse. Una frase modifica el rumbo. 

Un detalle que normalmente pasaría inadvertido adquiere una intensidad distinta. Esa interrupción cambia la mirada y abre un espacio para la escritura. La poesía no estaría solamente en la búsqueda ni en el momento del hallazgo. También estaría en ese instante en que algo se cruza en el camino y reclama atención.

 La escritura comienza cuando dejamos de pasar de largo. Por eso el libro puede leerse como una defensa de la atención en un tiempo marcado por la velocidad. Allí donde todo parece exigir respuestas rápidas, Genovese propone detenerse en lo que todavía no está resuelto. Escuchar una palabra antes de decidir qué significa. 

Aceptar que una experiencia puede tardar en encontrar su forma. También hay una defensa de la persistencia. Escribir supone insistir, pero no de cualquier manera. Hay que revisar, corregir, tirar algunas páginas y empezar de nuevo. 

El trabajo no consiste en esperar pasivamente una inspiración, sino en mantenerse cerca del lenguaje hasta que algo empiece a tomar forma. Esa persistencia no garantiza resultados inmediatos. Algunos textos quedan incompletos. Otros cambian por completo durante el proceso. Hay palabras que deben ser reemplazadas y caminos que conducen a un callejón sin salida. 

Todo eso forma parte de la escritura, Genovese no ofrece una receta para escribir poesía. Tampoco intenta convertir el proceso creativo en una serie de pasos ordenados. Lo que propone es una manera de mirar el trabajo poético: como una búsqueda abierta, hecha de avances y retrocesos, de intuiciones y de correcciones. 

En esa búsqueda, el mundo cotidiano vuelve a ocupar un lugar central. La poesía no aparece separada de la vida, sino en la manera en que se la observa. Una escena mínima puede contener una pregunta. Una sensación breve puede convertirse en materia de escritura. Una pausa puede decir tanto como una frase. Poesía y errancia es, en definitiva, un libro sobre la incertidumbre de escribir y sobre la necesidad de no cerrarla demasiado pronto. 

Su apuesta consiste en confiar en el recorrido, incluso cuando no está claro el destino. Porque perderse, en literatura, no siempre significa fracasar. A veces quiere decir que la escritura encontró una salida distinta. Una palabra que no estaba en los planes. Una imagen inesperada. O simplemente una forma nueva de mirar algo que creíamos conocer.

Por: Kevin Martínez
Por: Kevin Martínez

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