Penelope Lively: Una vida entre recuerdos

Ganadora del Booker Prize en 1987, Moon Tiger es una novela sobre la memoria, el paso del tiempo y las distintas versiones que pueden existir de una misma vida. Penelope Lively sigue a Claudia Hampton, una mujer que, desde una habitación de hospital, vuelve sobre su pasado mientras intenta escribir la historia del mundo.
Hay novelas que cuentan una vida de principio a fin. Moon Tiger, de Penelope Lively, hace casi lo contrario. La desarma y la vuelve a armar a partir de recuerdos, conversaciones, lugares y personas que aparecen sin respetar demasiado el orden del tiempo.
La protagonista es Claudia Hampton, una mujer internada en un hospital de Londres que sabe que está cerca de morir. A lo largo de su vida fue periodista, escritora e historiadora. También viajó, tuvo amantes, fue madre y mantuvo una relación complicada con su hermano Gordon. Ahora, en sus últimos días, decide escribir lo que parece un proyecto imposible: una historia del mundo.
El problema es que no consigue mantenerse demasiado lejos de su propia historia.
Claudia comienza a recordar. La infancia, la familia, los viajes, los vínculos amorosos, la maternidad y, sobre todo, una experiencia que quedó marcada en su vida: la guerra. Durante la Segunda Guerra Mundial, en Egipto, conoce a Tom, un hombre con quien establece una relación intensa que queda interrumpida por el conflicto.
Pero Lively no cuenta esa historia como una novela de amor tradicional. Tom aparece desde el recuerdo y desde la distancia. Lo importante no es solamente qué ocurrió entre ellos, sino qué lugar ocupa ese episodio muchos años después, cuando Claudia intenta mirar su vida completa.
Ese es uno de los puntos centrales de Moon Tiger: recordar no significa necesariamente recuperar el pasado tal como ocurrió.
Claudia tiene una versión de los acontecimientos. Los demás personajes tienen las suyas. Y esas versiones no siempre coinciden. El lector empieza entonces a desconfiar de la idea de que exista una única manera de contar una vida.
La estructura de la novela acompaña esa idea. El relato va hacia adelante y hacia atrás, cambia de época y de perspectiva. Un recuerdo lleva a otro y una escena que parecía clara puede adquirir otro significado después. Lively no intenta ordenar la vida de Claudia para facilitarle las cosas al lector. La deja aparecer con sus contradicciones.
También Claudia es una protagonista difícil de encasillar. Es inteligente, independiente y ambiciosa, pero puede ser egoísta y mantener una distancia considerable con quienes la rodean. No está construida para despertar simpatía todo el tiempo. Lively tampoco parece interesada en justificar sus decisiones.
La relación con su hija Lisa y con su hermano Gordon ocupa buena parte de esa zona más incómoda de la novela. Claudia quiere tener el control de su relato, pero los otros personajes también tienen algo que decir sobre ella. La mujer que aparece en sus propios recuerdos no necesariamente coincide con la que recuerdan los demás.
Ahí aparece una de las preguntas más interesantes del libro: ¿cuánto de nuestra identidad depende de la memoria que tenemos de nosotros mismos?
El pasado, en Moon Tiger, no es algo cerrado. Cambia según quién lo recuerde y desde dónde se lo mire. Un mismo episodio puede significar una cosa a los veinte años y otra completamente distinta décadas después.
El título de la novela tiene su origen en una espiral de incienso utilizada para ahuyentar los mosquitos. Se consume lentamente durante la noche y deja detrás una pequeña cantidad de ceniza. La imagen acompaña el recorrido de Claudia: el tiempo avanza mientras la vida se va consumiendo.
Lively nació en El Cairo en 1933 y pasó allí parte de su infancia. Esa experiencia aparece también en Moon Tiger, especialmente en los pasajes ambientados en Egipto. El paisaje, el calor y la atmósfera de la guerra tienen un peso importante en los recuerdos de Claudia.
La novela fue publicada en 1987 y ese mismo año recibió el Booker Prize. Con el paso del tiempo se convirtió en una de las obras más conocidas de Lively.
Casi cuatro décadas después, la novela mantiene una pregunta sencilla pero difícil de responder: qué hacemos con nuestra propia historia cuando la miramos desde el presente.
No se trata solamente de recordar. También está la necesidad de seleccionar. Qué episodios conservamos, cuáles dejamos atrás, qué personas siguen ocupando un lugar y cuáles se vuelven borrosas. Incluso cuando creemos estar contando los hechos, estamos construyendo una versión.
Por eso el proyecto de Claudia es escribir una historia del mundo y termina siendo una tarea mucho más personal de lo que pretendía. No puede separar la historia de sus propios recuerdos. Tampoco puede controlar completamente la forma en que los demás cuentan los acontecimientos que compartieron con ella.
Moon Tiger es, en ese sentido, una novela sobre la memoria, pero también sobre la escritura y sobre el paso del tiempo. Penelope Lively no presenta una vida perfectamente explicada. Muestra sus partes sueltas y deja que el lector encuentre las conexiones.
Claudia está en una habitación de hospital, pero desde allí vuelve a Egipto, a su infancia, a sus relaciones y a las personas que fueron importantes para ella. El presente es pequeño; el pasado ocupa cada vez más espacio.
Tal vez allí esté una de las claves de la novela. Todos, en algún momento, hacemos algo parecido: mirar hacia atrás e intentar ordenar lo que vivimos. El problema es que la memoria no siempre entrega respuestas. A veces apenas ofrece fragmentos. Y con ellos tenemos que construir la historia que podemos contar.



