Gloria Steinem: periodista, feminista y especialista en incomodar

05.09.2026
Durante más de medio siglo, Gloria Steinem hizo de las preguntas incómodas una herramienta de lucha. Desde el periodismo y la militancia feminista, puso en discusión el aborto, la desigualdad, la violencia contra las mujeres y un montón de cosas que, hasta entonces, muchos preferían dejar puertas adentro.

Hay personas que pasan por la vida tratando de no meterse en problemas. Gloria Steinem hizo más bien lo contrario.

Si había un tema incómodo, se metía. Si había una desigualdad que parecía aceptada por todos, preguntaba por qué. Y si alguien decía que determinado asunto era privado, ella tenía la costumbre de llevarlo a la conversación pública.

Periodista, escritora y activista, Steinem se convirtió en una de las principales referentes del feminismo estadounidense. Su nombre quedó ligado a las grandes luchas de las mujeres durante la segunda mitad del siglo XX, pero su historia empezó en otro lugar: una redacción.

En los años sesenta comenzó a hacerse conocida por sus trabajos periodísticos. Uno de los más recordados fue una investigación para la revista Show. Steinem se hizo pasar por una trabajadora del Playboy Club de Nueva York para conocer desde adentro las condiciones laborales de las mujeres que trabajaban allí.

El resultado fue A Bunny's Tale, una investigación que mostró una realidad bastante menos glamorosa que la que aparecía en las fotografías del famoso club.

Aquel trabajo también anticipaba una característica que iba a acompañarla durante décadas: mirar de cerca aquello que otros preferían observar desde lejos.

Pero el periodismo fue apenas el comienzo.

Steinem comenzó a involucrarse cada vez más con el movimiento feminista y con las discusiones sobre los derechos de las mujeres. Estados Unidos atravesaba una época de grandes cambios sociales y políticos, y las mujeres comenzaban a cuestionar con mayor fuerza un lugar que durante mucho tiempo había parecido predeterminado.

El trabajo doméstico, el matrimonio, la maternidad, el acceso al empleo, los salarios y la participación política empezaron a ser discutidos desde otra perspectiva.

Steinem fue una de las voces que ayudaron a llevar esas discusiones al centro de la escena.

Uno de los temas que marcó especialmente su trayectoria fue el derecho al aborto. En 1969 contó públicamente que había abortado cuando tenía 22 años, durante una estadía en Londres.

No era un detalle menor. En aquellos años, hablar públicamente de un aborto podía significar exponerse a un enorme estigma. Steinem decidió hacerlo de todos modos.

Contar su propia experiencia tenía, para ella, un sentido político. Muchas mujeres atravesaban situaciones similares en silencio. Hablar de ellas permitía mostrar que aquello que parecía una experiencia individual también podía ser consecuencia de una realidad social.

Esa idea atravesó buena parte de su militancia.

Lo que sucedía dentro de una casa también podía ser política.

La violencia doméstica no era simplemente un problema familiar. La discriminación laboral no era mala suerte. La desigualdad salarial no era una cuestión de mérito individual.

Había estructuras detrás.

Y había que discutirlas.

En 1972 Steinem cofundó Ms., una revista que se convirtió rápidamente en una referencia del movimiento feminista. Allí encontraron espacio asuntos que durante mucho tiempo habían quedado relegados o directamente no aparecían en los medios.

El aborto, la violencia contra las mujeres, la discriminación, el trabajo, la maternidad y la sexualidad podían ser tratados como temas de interés público.

La revista también permitió que muchas mujeres reconocieran sus propias experiencias en las historias de otras.

Y eso no era poca cosa.

Porque uno de los grandes aportes de Steinem fue precisamente ayudar a ponerle nombre a problemas que muchas mujeres vivían sin saber que formaban parte de algo mucho más grande.

Su lucha tampoco se limitó a las páginas de una revista.

Participó en organizaciones políticas, marchas y campañas. Defendió una mayor presencia de mujeres en la política y trabajó para que las reivindicaciones feministas tuvieran peso en las decisiones públicas.

Con el tiempo se convirtió en una de las caras más reconocibles del movimiento.

También llegaron las críticas.

Steinem fue cuestionada incluso desde sectores del feminismo. Algunas críticas apuntaron a que el movimiento de sus primeros años no siempre incorporaba de la misma manera las experiencias de mujeres negras, pobres y de otros sectores.

Pero su figura no dejó de ocupar un lugar central.

Y quizás eso tenga que ver con una de las características más interesantes de su trayectoria: nunca pareció demasiado preocupada por caer bien.

Su pelea era otra.

Conseguir que las mujeres pudieran hablar, pero también que fueran escuchadas.

Steinem recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su vida. En 2013 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, una de las principales distinciones civiles de Estados Unidos. En 2021 obtuvo el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Pero quizá el mejor modo de medir su influencia sea otro.

Durante décadas consiguió que temas que parecían pertenecer exclusivamente a la vida privada entraran en la agenda pública.

Y cuando un problema entra en la agenda, deja de ser invisible.

Ese fue parte del trabajo de Steinem: conseguir que las mujeres pudieran nombrar aquello que les ocurría y que la sociedad tuviera que escucharlo.

Hoy muchas de las discusiones que ella ayudó a instalar forman parte del debate cotidiano. Algunas conquistas parecen consolidadas. Otras siguen siendo motivo de disputa. Y algunas volvieron a estar amenazadas.

Por eso su legado no pertenece solamente al pasado.

Steinem entendió que el feminismo no consistía únicamente en conseguir determinados derechos. También implicaba cuestionar las ideas y costumbres que durante generaciones habían definido qué podía hacer una mujer, qué debía hacer y qué cosas simplemente tenía que aceptar.

Y para cuestionarlas había que preguntar.

¿Por qué una mujer debía ganar menos?

¿Por qué no podía decidir sobre su propio cuerpo?

¿Por qué la violencia dentro de una casa debía quedar puertas adentro?

¿Por qué la política debía seguir siendo un territorio principalmente masculino?

Steinem pasó décadas haciendo esas preguntas.

Algunas provocaron discusiones. Otras generaron rechazo. Varias terminaron convirtiéndose en cambios sociales.

Quizás ahí esté la mejor manera de recordar a Gloria Steinem: como una periodista que decidió no mirar para otro lado y como una feminista que entendió que, muchas veces, el primer paso para cambiar una injusticia es dejar de aceptarla como algo normal.

Y para eso, primero hay que animarse a incomodar.

Por: Kevin Martínez
Por: Kevin Martínez

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