José Saramago y la península ibérica convertida en una balsa

06.09.2026
¿Qué pasaría si España y Portugal se desprendieran de Europa y comenzaran a navegar por el Atlántico? En La balsa de piedra, José Saramago convierte esa situación imposible en una reflexión sobre la identidad, las fronteras y el poder.

En La balsa de piedra, publicada en 1986, José Saramago parte de una situación imposible: una enorme grieta se abre en los Pirineos y separa a España y Portugal del resto de Europa. La península ibérica comienza entonces a desplazarse por el océano Atlántico, convertida en una enorme isla a la deriva.

¿Qué ocurriría si España y Portugal dejaran físicamente de formar parte de Europa? Esa pregunta pone en marcha una de las novelas más originales del escritor portugués.

La ruptura de los Pirineos no es solamente un fenómeno geográfico. También pone en cuestión las fronteras, la identidad, la memoria histórica y las relaciones de poder. De pronto, aquello que parecía permanente deja de serlo. Los mapas ya no sirven de la misma manera y los habitantes de la península tienen que enfrentarse a una situación para la que nadie tiene respuestas.

Señales antes de la ruptura

Antes de que la península se desprenda del continente aparecen una serie de hechos extraños.

Joana Carda traza una línea en el suelo con una vara de olmo y descubre que no puede borrarla. Joaquim Sassa lanza una piedra al mar y observa un comportamiento imposible. José Anaiço comienza a ser seguido por una bandada de estorninos. Pedro Orce siente que la tierra tiembla, aunque los instrumentos no registran ningún terremoto. Maria Guavaira, por su parte, encuentra un hilo de lana que parece no tener fin al deshacer una media.

Al principio, estos acontecimientos parecen no tener relación. Después, los personajes terminan encontrándose y emprenden un viaje por la península mientras el territorio continúa desplazándose por el Atlántico.

El grupo está formado por dos mujeres, tres hombres y un perro. Cada uno parece estar vinculado de alguna manera con aquellas señales.

Saramago no ofrece una explicación definitiva para estos hechos. Pueden ser milagros, coincidencias o símbolos. En su universo narrativo, lo imposible simplemente ocurre y los personajes deben aprender a moverse dentro de una realidad que perdió sus referencias.

Una península a la deriva

La novela fue escrita en un contexto en el que Portugal y España estaban redefiniendo su relación con Europa y con el mundo. Saramago lleva esas cuestiones al terreno de la ficción y plantea una situación extrema: si la península dejara de estar unida físicamente al continente, ¿qué pasaría con la identidad de sus habitantes?

La separación puede ser vista como aislamiento, pero también como una oportunidad para pensar de otra manera el lugar que ocupan Portugal y España. La balsa no tiene capitán ni un rumbo definido. Nadie sabe con certeza hacia dónde se dirige y toda la península queda obligada a convivir con esa incertidumbre.

La fragilidad del poder

El desplazamiento de la península también permite a Saramago mirar con ironía a los gobiernos, los políticos y los especialistas.

Frente a un fenómeno que no pueden explicar, las autoridades intentan mantener el control mediante reuniones, comunicados e hipótesis. Pero ninguna declaración consigue detener el movimiento. Las instituciones se encuentran frente a una realidad que no pueden ordenar ni controlar.

La novela cuestiona así la idea de que la realidad puede ser explicada y administrada por completo. Cuando las certezas desaparecen, los discursos oficiales y las categorías conocidas dejan de ser suficientes.

Entre lo fantástico y lo cotidiano

El estilo de Saramago acompaña esa incertidumbre. Sus extensos párrafos y los diálogos integrados en la narración hacen que las conversaciones se mezclen con las descripciones, el humor y las reflexiones.

La novela puede pasar de una situación absurda a una reflexión política sin grandes cambios de tono. Lo fantástico aparece dentro de la vida cotidiana y los personajes reaccionan ante lo imposible con una mezcla de desconcierto y naturalidad.

La balsa de piedra puede representar la separación, el aislamiento y la pérdida de certezas, pero también la posibilidad de buscar otro destino. No es un barco construido para navegar: es un territorio entero que se mueve sin que nadie pueda decidir completamente hacia dónde.

Saramago no plantea que separarse de Europa sea necesariamente una liberación ni que permanecer unido al continente sea la respuesta. Imagina una ruptura para observar aquello que muchas veces se considera natural: las fronteras, las alianzas, las identidades y las relaciones de poder.

Más de tres décadas después de su publicación, la novela conserva su fuerza porque convierte una catástrofe imposible en una pregunta que sigue vigente: ¿qué haríamos si el mundo que conocemos dejara de ser fijo?

La novela no ofrece una respuesta definitiva. La balsa continúa navegando y, con ella, las preguntas que Saramago dejó planteadas.

Por: Kevin Martínez
Por: Kevin Martínez

Durante más de medio siglo, Gloria Steinem hizo de las preguntas incómodas una herramienta de lucha. Desde el periodismo y la militancia feminista, puso en discusión el aborto, la desigualdad, la violencia contra las mujeres y un montón de cosas que, hasta entonces, muchos preferían dejar puertas adentro.
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